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Yacob: "En mi pueblo nadie me saca fotos"

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Referente pese a su juventud, el volante cuenta su vida sin la pelota. Disfruta de Carcarañá, donde nació, fue un alumno aplicado y, de pibe, pudo haber jugado en Boca.

Claudio no se sube al caballo y disfruta del bajo perfil cuando regresa a su cuna santafesina. Por primera vez aceptó hablar de su mundo privado. Por fuera, y sólo por fuera, la imagen de capitán y símbolo de Racing se hace dura y fría. Compenetrado con las responsabilidades que genera ser el estandarte de la camada joven de la Academia, Claudio Yacob no suele mostrar su lado más lejano a la pelota de fútbol. El, acostumbrado a dar la cara ante cada situación adversa, esta vez elige a Olé para ir más allá y abrir las puertas de su vida cuando no tiene puesta la blanca y celeste. Estudioso y amante de la paz de su pueblo natal, la Flaca, como le dicen en el planeta Racing, se dará a conocer como realmente es. "A mí todavía me hace cosquillas la panza cuando voy por la ruta y estoy llegando a mi casa. Allá soy el Caio de Carcarañá, no el jugador. Nadie me viene a decir que soy el capitán de Racing. En mi pueblo nadie me saca fotos. Allá tengo a mis amigos, a mi familia y a mis vecinos. Todo está como siempre... Me meto al río, voy a pescar... Parece como que nunca me hubiese ido y aún estuviese soñando con ser jugador profesional", recuerda el volante central, quien es pretendido por Napoli, Genoa, Sporting de Lisboa y Benfica, pero no se irá al menos hasta junio. -Tu llegada a Racing fue casi por accidente... -Y... Llegué al club por un llamado que nunca se dio. A los 13 años me probé en Estudiantes. Era diciembre del 2001, me dijeron que iba a quedar y que me llamaban en enero. Yo me entrenaba solo en un gimnasio de mi pueblo mientras esperaba y esperaba... Un día cayó Walter Fernández, que había juntados algunos chicos para ir a Racing, y yo le dije que no porque esperaba a Estudiantes. No sé el motivo, pero el último día me cansé de esperar y acompañé a los demás a Avellaneda. Resulta que fui el único que quedó en la prueba y gracias a que nadie me llamó desde La Plata, hoy por suerte estoy en Racing. Ah, y además estuve 15 días en Casa Amarilla a los 12 años. Cuando me iba a fichar Griffa me volví a casa porque era muy chiquito y no estaba preparado. Así que el destino hizo que ahora yo esté acá. -¿Qué recordás de aquellos primeros días? -Al principio vivíamos en una casa de familia en Caballito y después en un hotel de Boedo. No la pasábamos muy bien los chicos de la pensión. Al primero que conocí fue al Negro Mercado. En Octava estaba igual a como está ahora. Era una mole que te mataba. Maxi, Sánchez, Romero y los demás llegaron en Séptima. Un equipazo. -¿Y cómo era jugar con Maxi? -Era muy flaquito. Nunca pensé que podía llegar a donde llegó. A simple vista nadie pensaba que lo podía lograr. Otros jugadores de su misma estatura no hacen ni la mitad de lo que hace él. -¿Por qué una base campeona en Juveniles nunca pudo pelear arriba cuando llegó a Primera? -Es diferente. Con conocernos mucho y ser amigos ya no alcanza. Es cierto que es una ventaja el hecho de que con un insulto o un grito nos entendemos y sabemos a qué apuntamos, pero no es sólo eso. Además, nosotros subimos a Primera cuando el equipo estaba mal. No es que llegamos a un equipo que jugaba la Libertadores. Tuvimos que pelearla de abajo y creo que de a poco estamos mejorando. -Hoy sos capitán y referente. ¿De quiénes aprendiste? -Sava, Campa (Campagnuolo) y Pepe (Chatruc) son los tres mejores compañeros que tuve. Yo admiro ver las ganas que tienen para entrenarse y cómo hablan con el grupo. El Colorado, cuando estaba acá, era un genio. Nos hablaba a todos, nos enseñaba muchas cosas. Trato de hacer eso con los chicos que subieron ahora. Les digo que hay que ser buenas personas y después jugar bien. -Parecés un tipo más grande... -Siempre fui medio serio y estudioso. Toda mi vida fui abanderado. En la primaria, hasta séptimo grado y después, cuando llegué a Avellaneda, se me complicó un poco, pero egresé. -¿Siempre repartiste tu tiempo entre el fútbol y el estudio? -Nunca trabajé, ni tiempo tenía. A la mañana iba al colegio y a la tarde a entrenarme. Lo máximo que hice fue cortar el césped del patio de mi casa. Yo quería trabajar de jugador y por suerte lo logré. -¿Quién fue el mejor jugador con el que compartiste equipo? -Escuchá lo que te voy a decir. Yo jugué con Agüero, Piatti, Maxi... Pero el mejor de todos es Mercado. Para mí, es el defensor número uno del país. Va siempre al frente, es ganador... en fin, una máquina. Desde que lo conozco que se entrena para ser el mejor. Y, en verdad, así es como uno llega a ser diferente. -¿A vos te falta algo de gol para ser un volante completo? -No llego mucho porque soy de contención y el esquema no me favorece. Me gustaría hacer goles. Siempre usé una remera de mi viejo y desde que mi vieja tuvo un problema de salud, hace varios meses, le hice una a ella, así cuando haga un gol se lo voy a poder dedicar. -Pero contra River hiciste el gol y no la mostraste. -Uhh, no sabés... Fue el único partido en años que no use nada abajo. Juan, el utilero, me perdió la remera de mi mamá y no lo pude festejar. Me besé el brazo donde tengo un tatuaje de ella, pero me quería matar. Justo una vez que la meto... -Pese a los problemas que te tocó pasar, se te nota feliz en Racing... -Acá estoy en mi casa y quiero quedarme al menos hasta junio. Yo no hablo de despedidas ni de nada por el estilo. Sólo sé que quiero sumar muchos puntos con Racing y hacer una buena campaña. DIARIO DEPORTIVO OLÉ 24/01/2009
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