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WALTER ERVITI: "Al que quiere buen fútbol la gente lo toma de pecho frío"

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"Levanta las banderas de los jugadores finos como Riquelme. Elogia fuerte a Passarella y a Lavolpe y asegura que está feliz en el Taladro: "A mí no me vuelve loco ponerme la camiseta de Boca o la de River".

Integra algo así como la Sociedad de los Poetas Muertos del fútbol. En paralelo con la ideología de aquella película, hoy son pocos los futbolistas que combaten el modernismo de correr y no pensar. De sacarse la pelota de encima en lugar de intentar algo distinto. Walter Erviti, su juego, se enrola en la escuela de Riquelme y Pitu Barrientos, por caso. Lucha, desde su lugar, por un fútbol mejor. -¿Qué fútbol argentino te encontraste al regresar de México? -Miraba mucho desde allá. Está más agresivo, hay menos juego, todos arriesgan menos, lo que importa es no perder. Se ven pocos buenos partidos y eso perjudica al espectador y a los que nos gusta ver buen fútbol. Ojalá podamos cambiar la idea de que sólo se puede ganar cuidándose. -Eso hace difícil jugar... -Es la presión. En todos lados el fútbol es igual, supongo. Pero la presión y la pasión de acá, no. Nadie te regala nada. No es tan lindo espectáculo, mucha agresividad en el juego de mitad de cancha, los defensores paran la pelota poco y nada, el juego es aéreo, y así se hace difícil para los que intentan. -Es una piedra en el zapato para tu estilo. --No sólo para mí, para todos. No creo que a la gente le guste estos partidos. Pero todo tiene un por qué. Por ejemplo, los técnicos duran poco, no pueden programar y deben ganar ya. Muchos luchan promociones, si arriesgan les puede costar caro. Y cuando no hay seguridad de un sistema, si no hay confianza, optás por el camino más corto: defender y ver cómo hacer un gol. La mayoría está eligiendo ese camino. -¿Se acabaron los lujos? -Falta paciencia. Al que quiere jugar buen fútbol, la gente lo toma de pecho frío, de tener poca responsabilidad. Todo es consecuencia del resultado. Todos quieren ganar sea como sea. Al que arriesga un poco, le dicen que está equivocado. -¿Te pasó? -Soy de leer y escuchar poco. Lo veo en los demás. Antes que un lujo o una jugadita, paran y tocan, y no sé si es para sacarse la responsabilidad o que ya está escrito: hay que asegurar la pelota, no arriesgarla. En realidad, hay momentos y lugares en la cancha para hacer todo. No vas a tirar un lujo al lado de tu arquero, pero en campo rival sí. Así se rompen las defensas rivales que amontonan gente. Hoy te hacen un gol y es muy bravo entrarles. -¿Cuántos piensan así? -Mis compañeros piensan como yo, quieren jugar bien al fútbol. El camino más corto para ganar es jugar bien. -¿Es muy distinto en México? -En Monterrey la gente es de vivir muy particularmente el fútbol. En cuanto al apoyo, se parece mucho al argentino, aunque saben que se trata de un espectáculo. Se asemeja a lo ideal del deporte. Se puede vivir con pasión, criticar, insultar, pero hay un límite, sin llegar a la violencia. -¿Por qué volviste? -Decidieron no contar más conmigo, Jorge (Burruchaga) me llamó y me hizo sentir importante. -¿Quisieron que te nacionalizaras? -No me lo pidieron directamente: lo barajó la dirigencia. Un técnico me dijo que para el club era mejor. A mí no se me ocurrió nacionalizarme para jugar en México. Si lo hacía era por mis condiciones... y no por mexicano. Si dependía de eso, me volvía. Otros lo hacen por la Selección, como Guille Franco, cosa que a mí nunca se me pasó por la cabeza. No por despreciar al pueblo mexicano porque de hecho tengo dos hijos nacidos ahí y un lazo afectivo. Simplemente, me siento argentino, y más allá de la lejanía, la ilusión de jugar en la Selección, es lo último que se pierde. -Ahora, con Maradona, nada parece lejano. -Soy consciente de los jugadores que hay en la Selección... Después depende de lo que hagas en tu equipo. Si lográs algo bueno tendrás más posibilidades. Voy a luchar por ese deseo, aunque el porcentaje no sea grande. -¿Si jugaras en un grande sería más fácil? -No creo, mirá el caso de Morel. Depende del juego del equipo. Si andás bien y el equipo no, terminás siendo insignificante. Si un jugador resalta en un equipo del fondo de la tabla, tiene poco valor. -Te lo pregunto ya en una oportunidad pudiste pasar a River. -Nunca fue algo serio. Me llamaron como muchos otros, pero yo quería estar en Monterrey. Y tampoco hubo oferta oficial. Me hubiera encantado volver a ser dirigido por Passarella. Le voy a estar eternamente agradecido: al llegar a Monterrey, tuve los primeros seis meses muy bravos y me bancó cuando toda la ciudad me criticaba. Nadie me daba más de cinco partidos. Sólo alguien con su personalidad lo pudo hacer. -¿Está en tu podio? -Por ahí quedo como un chupamedias pero a mí me tocaron los técnicos en el momento justo. Ruggeri me hizo debutar en un equipo grande y no me sacó más: le agradezco ser futbolista. Me puso y nunca pretendió cambiarme el estilo, ni me hizo dudar de lo mío. Después salí campeón con Pellegrini, con Passarella. Y en mi consolidación, un mexicano como Miguel Herrera, descubrió todo mi potencial, jugué de lateral izquierdo, de volante zurdo, de con tención, de nueve, de wing derecho, hasta en las prácticas me puso de central. -¿Quisieron cambiarte? -Nunca. -¿Y Lavolpe? -Muchos creen que me peleé con él. No. Fue uno de los que menos tiempo tuve y del que más aprendí. Un tipo que estudia muy bien el fútbol, lo ve, trabaja mucho. La pasé bien. Llegamos a semi y perdimos en el último minuto... -Nunca te habría puesto de enganche... -No le gusta a Ricardo. En realidad, yo creo que si él tiene a un jugador capacitado y que sabe leer el juego, lo pondría. Creo que al no tenerlo, prefiere jugar sin enganches. -¿Y el caso Riquelme? -Pasa porque él quiere jugadores ágiles, de ritmo. Que le cumplan dos funciones: atacar y defender. No le convence el enganche clásico. Pero tampoco tuvo un jugador como Riquelme. Para mí, Román le gusta a todos los técnicos, te hace ganar un partido. Lavolpe es estricto, trabaja tácticamente pero no es ningún tonto. Es muy inteligente. -¿Se necesitan más jugadores como Román? -No hay muchos como él, ojalá los hubiera. No hay quién se le parezca. Por ahí alguno le pega como él pero no logra pensar el partido igual. O al revés. Es completo. -¿Por qué lo critican? -Es más fácil... Cómo hacés para jugar 90 minutos al mismo ritmo, tocar bien todas. Es imposible. Obvio que en algún momento se va a equivocar pero también te marca la diferencia. Boca vive estos momentos: lo hace de su mano. -¿Lo conocés? -No. -¿Lo admirás? -Lo reconozco. Para mí la gente que gana y hace ganar a los compañeros merece un párrafo aparte. Porque es fácil jugar individualmente, agarrás la pelota, gambeteás y por ahí hasta hacés goles. Se complica cuando debés hacer jugar a tus compañeros, hacerlos pensar, ubicarlos en la cancha, y encima jugar bien. Román lo hace. -¿Por qué pasaste sólo por tres clubes? -Yo sé que el negocio del futbolista está en las transferencias. Pero a mí no me mueve la plata, tengo otras pautas. Si me quedé seis años en México es porque estuve muy cómodo y no veía necesidad de cambiar por dinero. Cuando se acabó, me vine para Banfield y me quiero quedar mucho tiempo acá. No son sólo palabras. Cuando terminó el torneo anterior tuve para irme de nuevo a México. Y el club y el técnico dijeron que no me vaya y no hice ningún problema. No me peleé con nadie, no pedí aumento, nada. -Podrías estar en Boca o River... -Estoy más allá de los colores. Puedo jugar en un grande o en un chico. Se puede estar bien en unos o en otros. Soy feliz acá, me encontré con el mejor grupo mi carrera. No me vuelve loco ponerme la camiseta de Boca o la de River. Mi cabeza está acá y trato de ser mejor acá. Me trajeron en julio sin saber de mi nivel. Se la jugaron. En todo caso, si hay una oferta muy importante tampoco Banfield la va a despreciar. A los 28 años, no es momento de pelear por plata. -¿Tus metas? -Mejorar y salir campeón. Es una sensación incomparable. Pero para eso debemos mejorar. Cometimos muchos errores colectivos e individuales. Hay que ordenarse, ser agresivo a la hora de recuperar y luego llegar con mucha gente y concretar... -Tuviste historias muy particulares en México... Como la de Uciel. -Sí, un nene que tenía leucemia y estaba en tratamiento. Me admiraba y yo lo visitaba, lo acompañaba. Al tiempo, los doctores me dijeron que se estaba abandonando, empecé a visitarlo de nuevo, lo llevaba a comer, a pasear, a que se dé cuenta que debía lucharla. Cuando estaba en su mejor momento, la enfermedad se lo llevó. Estuve con él hasta una hora antes de su muerte. Me había encariñado mucho. Pero haberle dado una alegría fue especial. Seis meses antes, un amigo mío también murió de leucemia y ahí hice un clic. Entendí que la vida es corta, hay que disfrutarla. Lástima que haya que pasar por una situación así para darse cuenta. DIARIO DEPORTIVO OLE 29/01/2009
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