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Vélez gritó su desahogo

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El equipo de Gareca quebró la racha de cinco partidos sin triunfos. Se aprovechó de un Independiente que no transmitió nada y que dejó más que preocupada a su gente. Jonathan Ramírez marcó el único gol.

 26-09-2011 -- Vélez madrugó en Avellaneda con una consigna clara: cortar esa racha adversa que lo venía perturbando desde hacía cinco partidos. Como fuese. Para Gareca y compañía el jugar bien, el volver a las fuentes o el dejar una imagen saludable, no era la prioridad en esta ocasión . Esa derrota dolorosa en el último suspiro contra San Lorenzo y los múltiples lesionados lo dejaron atrapado en urgencias. Pero se escapó...

 

 

Con un acierto goleador, con muchas caras juveniles, con solidaridad, con una defensa sólida y con nada de fútbol, se aprovechó de otro que venía más que necesitado . Es que pese a que Ramón Díaz se hizo cargo hace un puñado de días del equipo y de la victoria en Rafaela ante Atlético, este Independiente da pena . No encuentra respuestas ni futbolísticas ni físicas ni anímicas.

 

 

 

No transmite nada.

 

 

Por eso, la reacción del final: la gente despidió al equipo a puro abucheo y con silbidos estruendosos.

 

 

Arrancaron dormidos . Los dos. ¿Habrá sido por el horario? Tal vez. Hubo que esperar 25 minutos para que la pelota ingresara a una de las áreas. Fue en la de Independiente: Agustín Vuletich hizo un pirueta, pero no alcanzó a conectar con justeza un centro de Cubero. A los 28, Marcelo Barovero tuvo su primer contacto con la pelota. Fue de fácil resolución: un tirito de Osmar Ferreyra se desvió en un defensor y terminó mansamente en las manos del arquero.

 

 

En ese lapso, Vélez, con Ariel Cabral manejaba la pelota en el medio, y con las trepadas por las bandas de Augusto Fernández y de Emiliano Papa, era de los dos el que mejores intenciones mostraba. Independiente, en cambio, era previsible y encima todos los movimientos los hacía a la misma velocidad. Cristian Pellerano no entraba en juego. Lo mismo ocurría con Ferreyra y con Leonel Núñez. Los de arriba, por ende, estuvieron totalmente desconectados.

 

 

Daba la sensación de que el gol solamente podía llegar gracias a un error ajeno y no a una virtud propia. Tal cual. Todo arrancó en un profundo pase de Cabral para Jonathan Ramírez. Gabriel Milito acompañó la corrida del juvenil uruguayo, pero estuvo más pendiente de la apresurada salida de Hilario Navarro que de recuperar la pelota o desestabilizar al rival. El Rayo Ramírez puso el botín derecho y la pelota, después de pasar por sobre la humanidad del correntino, entró pidiendo permiso muy pegadita al palo.

 

 

El segundo tiempo potenció las posturas de cada uno. Vélez se agazapó para liquidar el pleito en una contra e Independiente, pese a los cambios de nombres y de sistema de Ramón Díaz en el entretiempo (Marco Pérez por Brian Nieva y Walter Busse por Núñez), fue tan poco claro como en el principio.

 

 

Eduardo Tuzzio fue de lateral derecho y Julián Velázquez, de central. Busse jugó pegado a la raya y Pellerano pasó adentro para darle una mano a Godoy. Pero la ecuación no varió: siguieron los pelotazos para Parra y para el colombiano. Luego, el ingreso de Matías Defederico generó más cambios posicionales: 3-4-1-2. Ahí, en el cuarto de hora final, el local empujó a Vélez contra su área. Pero así y todo no le creó una situación de riesgo.

 

 

Es más, el visitante fue el que tuvo la más nítida: esta vez, Ramírez se encontró con una atajada fenomenal de Navarro.

 

 

Vélez, este Vélez que no es el que era hasta no hace mucho, se fue feliz de Avellaneda por el triunfo. Independiente volvió a perder y quedó envuelto entre la desazón y la histeria, justo a días de comenzar la defensa del título copero y de vérselas con el rival más esperado de todos: Racing. Nada más y nada menos.

 

 

 

 

Fuente: Clarín.


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