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¿Qué habré hecho yo para valer tanto?

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Lo pregunta el mismo pibe de los siete millones y siete partidos, pretendido por la Fiore aún en plena recuperación. La historia de un caso único.

Ahí, sentado en el sillón de su departamento en Caballito, descalzo, relajado, Ezequiel Muñoz descansa luego de otro intenso día de recuperación. Pero también, parece, lo hace de este sacudón con membrete italiano que no sólo lo conmueve a él sino a su familia, a Boca, al fútbol mismo. Ahí donde está, también, parece meditar, intentar salir de la incredulidad. "Lo que pienso es que... Pienso eso, que tengo siete partidos y encima estoy en rehabilitación. Y me pregunto, claro: '¿Qué habré hecho yo para valer tanto y lesionado?' No sé, será por todo el sacrificio que le metí de chico, será porque rendí bien, será porque después de algo malo viene algo bueno...", se mete en la charla con Olé. Será algo de eso, o todo, pero la cuestión es que la Fiorentina se fijó en él, sin importarle la rotura de ligamentos cruzados en una rodilla sufrida en abril, ni la edad (18 años), ni los partidos en Primera (siete). Y se fijó con una oferta sorprendente: préstamo de un millón de euros por un año con opción por el 50% de otros 6.000.000. "Cuando escuché eso, se me movió el piso. Lo increíble, además, es que me venían siguiendo desde antes del debut. Me siento un privilegiado. Si me toca irme o quedarme. Ir a Italia es importante para mi carrera y si no, sigo en Boca, el club que quiero, ¿qué puedo decir?". Su padre José Luis lo escucha con atención.También Estefanía, su novia, deportista como él, subcampeona del mundo en patín artístico. "La conocí por el chat y la fui a buscar a Rosario. Ojo, ella no sabía que yo era jugador de Boca, eh. Tenemos mucho en común: tiempos de entrenamientos que respetar, obligaciones, competencias", cuenta. En la foto faltan el otro José Luis, hermano mayor con apenas... 20 años. Y mamá Graciela, con turno impostergable en la peluquería. "Ellos hicieron mucho por mí, estar lejos de la familia tan chico no es fácil. Me vine de Pergamino a los 14. Dejé la secundaria allá para hacerla acá, mis amigos, mi juventud. Es cierto, es un sacrificio por hacer lo que me gusta. Pero... La gente dice que es fácil la vida del jugador de Primera. ¿Y todo lo que hizo ese jugador antes de llegar? Siempre uso una frase: 'No envidies mi progreso sin conocer mi sacrificio', tira este defensor que, antes de la lesión, había sido llamado por Maradona a la Selección local. "Otra cosa increíble. No, si me viene pasando de todo... Esto es como si fuera una película". Suelto al hablar, conceptual, Ezequiel parece tener los pies sobre la tierra. Y todo, claro, a pesar de que su vida cambió de repente en cuatro años. No hace mucho era el chico que había dejado de jugar en Viajantes para sumarse a una empresa, instalada en Rosario, que preparaba juveniles para ser probados en clubes de Buenos Aires. "Es raro, sí, porque no es que jugás en un equipo, sino que sos parte de un plan de perfeccionamiento. Te ponen a punto en lo físico y en lo futbolístico, te enseñan también de táctica y después te llevan a los clubes. Estuve nueve meses y la primera prueba fue en Boca. Fui tres días y quedé", recuerda. En Boca empezó en la liga paralela y se ganó la chance de pasar a AFA. Arrancó en Octava, fue capitán de la Séptima, salió campeón en Sexta y saltó a la Reserva. Esto, el año pasado."Y luego Ischia me hizo debutar en la Sudamericana, con Liga de Quito. Aún recuerdo la primera práctica: marqué a Palacio y Palermo y en un momento, me olvidé de la pelota, los miraba a ellos. Decía: '¿Qué estoy haciendo acá?'", confiesa él, que tiene de espejos al Ratón Ayala y a Bermúdez. No de casualidad muchos lo ven como pichón del Patrón. Con Gastón Sauro, su compañero de zaga en estos años, la rompieron en el verano. "Fuimos inseparables. Hasta compartimos la pieza en la pensión. Si me voy, lo extrañaré. Aunque por ahí me lo llevo algún día. Es un fenómeno. Y habla bien italiano, eh. El, como todos, me pregunta: '¿Chiquito, te vas?' Hasta los chicos de la pensión están asombrados. Aunque yo no me siento un ejemplo. Les digo que no se fijen en mí, sino en Palermo o Riquelme, que con todo lo que ganaron, van por más". Ahí, sentado en el sillón, está él. Ezequiel Muñoz, 18 años, el pichón del Patrón, el que aún tiene dos meses y medio de trabajo para volver a jugar, el que enloquece a la Fiore, el dueño de una historia gigante.
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