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La vida color Rosales

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Buenos Aires, 30 de Octubre (Olé). Mauro volvió y metió el segundo de River, que goza su primavera con Astrada. Con Argentinos fue triunfo y más: la sensación de que está siendo un equipo.

Sólo en los últimos tres minutos River pareció recorrer el camino de espinas que padeció en el último tiempo. Fue el lapso entre el gol de Ortigoza de penal y el pitazo final de Beligoy cuando el equipo creyó reencontrarse con los peores fantasmas, aquellos que le dominaban el espíritu y le ataban las esperanzas hasta hace no tanto.

 

Ese puñadito de minutos contará como una enseñanza más sobre cómo sellar y archivar un partido controlado sin que un mínimo traspié signifique un tembladeral y, también, en cierto modo, resultará una manera de confirmar aquello de que no existe un camino de rosas sin espinas.


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