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Funer Mori: "Ahora no bajo los brazos, creo que maduré"

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Funes Mori, el que hace gritar y agarrarse la cabeza a los hinchas, dice que ya no se deja vencer por la bronca. El Topo Gigio a medias, el apuro al definir y su revancha.  

28-09-2011 -- Sale del vestuario con una sonrisa y los ojos brillosos de alegría. Camina despacio, se saca fotos con los hinchas, firma autógrafos. Sigue siendo tímido, pero lejos quedó aquella actitud huidiza, mezcla de timidez y vergüenza, que lo llevaba a querer esquivar al mundo para que nadie notara su presencia. Un par de goles hicieron que Gabriel Funes Mori se mostrara casi tal cual es en la intimidad de su casa, cuando pone música apenas llega del entrenamiento junto a Ramiro, el hermano mellizo que juega en la Reserva. Los dos bailan en la mesa con sus hermanas y se devoran la comida que les prepara mamá Liliana, la única de la familia que festejó en la cancha el sábado pasado porque a Gabriel no le gusta demasiado que la familia esté en la tribuna. Hasta Ramiro se quedó en Núñez, mirándolo por televisión con Serena, la menor de los Funes Mori. “La sensación que tengo es muy especial porque de a poco estoy recuperándome de todo lo malo que me tocó vivir. Pero lo importante es que se ganó. River lo necesitaba porque veníamos de tres empates al hilo y se habló mucho. Aunque es obvio que me siento feliz porque volví a convertir y no pasó otro año desde el último gol, ja”, cuenta el 9 capaz de hacer gritar o agarrarse la cabeza a los hinchas.

 

 

 

-¿Cómo hiciste para no caerte después de los dos goles que te comiste en el primer tiempo?

 

 

-No me quedé pensando en esas jugadas ni bajé los brazos. Me erré un gol solo abajo del arco y me quedé con una bronca bárbara, pero lo bueno fue que no dejé de buscar. No me escondí y le di para adelante esperando por otra oportunidad. Yo sabía que se me iba a dar alguna más.

 

 

 

-¿Sentís que maduraste en ese aspecto?

 

 

-Antes me caía y no me podía recuperar. Ahora no bajo los brazos, por eso creo que maduré. Quiero crecer como jugador y espero seguir así.

 

 

 

-¿Apuntaste ahí o le pegaste de caliente?

 

 

-Miré el arco y le pegué. Aunque antes había definido mal, me tenía confianza. Sé que a veces me apuro y que tengo que estar más tranquilo en la definición.

 

 

 

-¿Y en el festejo qué pasó que asomó el Topo?

 

 

-Pensé en hacer el Topo Gigio, pero me arrepentí. Preferí besarme la camiseta y festejar con todos.

 

 

 

-El sábado te ovacionaron. ¿Antes te sentiste apuntado por los hinchas?

 

 

-La gente quiere resultados. Por eso es lógico que se enoje cuando el equipo no gana... Por suerte, con Gimnasia pudimos ganar y se calmaron todos. El fútbol me dio revancha.

 

 

 

-¿En este tiempo te condicionaron los insultos y las amenazas?

 

 

-Nunca me amenazaron, sólo pintaron la pared de mi casa. Pero siempre traté de estar muy concentrado. Igual, en algún momento algo escuchás, el murmullo de la tribuna se siente, pero cuando me dan la pelota sólo quiero estar seguro y hacer lo que sé. Me mato para demostrar que tengo condiciones y hago un esfuerzo para que nada me saque del partido.

 

 

 

-¿Pensás que ya te reconciliaste con la gente?

 

 

-De a poco me están dejando de insultar. Nunca entendí porqué se la agarraron tanto conmigo, pero ojalá pueda seguir haciendo goles y que gane River. El descenso será una marca que nos va a quedar siempre en el corazón, pero este grupo quiere lograr que River vuelva rápido a Primera.

 

 

 

-Se habló mucho de tu lesión en la rodilla y terminaste demostrando que estás bien.

 

 

-Se vio que no era para operarme, como me habían dicho. El doctor Ríos me tranquilizó y me hizo muy bien. Se portó bárbaro y esto es un mérito suyo también.

 

 

 

-¿Aprendiste a ser fuerte con tantos golpes en este último año?

 

 

-Sí. Sé las condiciones que tengo y nunca perdí la confianza. Después, lo que digan los demás me duele pero lo escucho y trato de no darle importancia. Ojo, igual no fue fácil. Ni para mí ni para mi familia. Y quiero agradecerle a Almeyda por la confianza que nos da. Hace que nos sintamos obligados a responderle en la cancha.

 

 

 

-Cuando viste que llegaba Cavenaghi, ¿te sentiste afuera del equipo?

 

 

-Sabía que no iba a ser fácil ganarme un lugar, pero las cosas pasan por algo y me llegó el momento. Ahora quiero aportar lo mejor para el grupo. Si tengo que jugar 15 ó 20 minutos voy a dejar todo por el bien del equipo.

 

 

 

-¿Pueden jugar juntos con Cavegol?

 

 

-Sí, pero eso que lo decida el técnico. Yo ya sé que tengo a un ídolo del club adelante mío y que a mí me falta mucho por aprender.

 

 

 

-Este fue la excepción, pero hiciste varios goles de cabeza. ¿Te resulta más sencillo que pensar cómo definir con el pie?

 

 

-Puede ser. Cuando me toca definir con los pies, me apuro o no me tomo el tiempo suficiente. Y con la cabeza es más repentino: soy alto y salto para ganar. La ansiedad que venía acumulando me jugó en contra. Ahora, me solté un poco más y aunque sigo fallando en algunas jugadas, no me dejo vencer por la bronca y sigo buscando. Aprendí a no rendirme así nomás...

 

 

Fuente: Olé.


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